De regreso también podemos
lanzar la vista al horizonte, para que viaje entre prados, vegas, sembrados, barbechos,
sotos... hasta que se colme de todo el color, de todo el espacio. Al fondo se divisan los
prados de La Serna. Los seteros saben qué ocurre aquí cuando llueve con buena
temperatura.
Y nada más sobrepasar el
cementerio estamos ante este paraje: