Ahora salimos a buscar horizontes plenos de luz y claridad; colmados por la limpieza de su
elementalidad.
Si prestas atención puede que presientas diálogos entre los promontorios y los techos
altos, mientras las nubes escuchan, cotillean para después, como siempre, ir a su bola...
sin atender las invocaciones de las siembras y los agricultores, que tanto y a tiempo
necesitan del líquido tesoro que albergan.
Como hemos elegido el camino
de Torredondo, esta es la vista que ofrece al caminante cuando llega: