Cuaderno Ð Madrona    

   

   

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Calle de Segovia y 3

Adargue de la Calle Segovia

Este adargue da servicio a cuatro propiedades y edificios distintos, incluida una casa de nueva de los hermanos Bravo Rincón cuya imagen aún no tengo.

La casa de Pepe y Esperanza nombrada antes, ha primado la entrada de vehículos y ha dejado el patio para la de personas. Un acierto. Y el estilo también lo es porque sigue una línea de construcción muy recurrida aquí.


No me van las competiciones en las que sólo hay un ganador, porque en cierta manera son una humillación para el resto y tremendamente injustas; pero si estableciéramos una clasificación de edificios por su belleza y practicidad, este de Fuencisla García López y Manolo Bernardo Miguelsanz estaría entre los de primera fila.

Tampoco se cansa uno de observarla y tiene unas soluciones de practicidad tan logradas que hay que felicitar a todos los que han participado en el proceso, porque contiene una belleza sin ostentación que cautiva. Antes aquí había un pajar y un corral.

Como está inmediata a la carretera, se ha optado por potenciar una zona de expansión y de luz mediante la orientación de su fachada principal a lo que ahora es jardín. Si compararmos esta edificación, con las de los bloques de pisos, sobrevenidos con la fiebre constructora en antiguas casas agrarias, solares, corrales..etc... que cada cual extraiga sus conclusiones.


Casa parroquial

En la actualidad (2018), su fachada está reformada y se han corregido en ella los daños que las humedades han ocasionado en el zócalo. En ella vivió muchos años la familia de Laurentino Gómez de Frutos y Juana Angulo Hidalgo (Padres de Faustino, Carmen y Juanito) porque el último párroco que la ocupó de forma permanente fue Don Jesús y su familia.

Por dentro está totalmente renovada desde un planteamiento distinto al de una vivienda. Dadas sus dimensiones, el obispado, propietario de este inmueble, decidió configurarla como para ser destinarla a albergue, por lo que contiene múltiples habitaciones y servicios (incluidos los que proporciona la antena parabólica...).

 


Quien haya conocido este Rincón de la Tía Colorá y vea ahora este edificio, puede parecerle que ha cambiado de planeta. Aquí estuvo la casa de Marceliano y María Sanz.

Y no es para menos. Antes existía un rincón entre edificios bajos, de mala calidad y semi ruinosos. Algo que gracias a la familia de Julio González y Candelas ha desaparecido para dar lugar a este encanto de construcción. La calidad de su ejecución por Julio, albañil de toda la vida, sus acabados y el buen gusto de este diseño aportan a este lugar y al pueblo en general un raudal de belleza con la que todos disfrutamos cuando pasamos porque nos atrapa la mirada..., por ejemplo, hacia esa maravillosa cornisa que combina el ladrillo con la madera, única en Madrona (algún día nos va a pillar un coche de tanto mirarla....).

En el solar resultante de aquellas infra construcciones hizo Julio dos viviendas con esta inspiración tan especial y agradable. Enhorabuena a todos los que han intervenido en su diseño y consecución.

Es un ejemplo de cómo cierta belleza nos pone a todos de acuerdo. Cualquiera que la observe coincidirá con el resto en que se trata de una hermosura que brota de lo sencillo y agradable, pero en ningún caso simple. Para mi es cómo un bálsamo para el alma.


En origen, estas cuatro viviendas fueron un solo conjunto cuyo propietario fue la familia de La Tía Bernarda y El tío Zurdo, referenciado en El Soportal, apartado Pretextos, sección Anécdotas. Sólo tuvieron una hija llamada Upe y en el pueblo no queda ningún familiar ni descendiente.

Esta familia se lo vendió a la familia de Ricardo Sonlleva, que fue quien hizo cuatro subdivisiones. Cada una de distinto tamaño y factura.

Victor Sonlleva Ayuso, hijo de Ricardo mantuvo una de ellas y en este momento no tengo identificados a los propietarios, que, como vemos, se preocupan en embellecer con flores las fachadas. La belleza también mana de los detalles.

A continuación la última casa es la que construyó hace muchos años Juan Llorente Rincón (Juanito Chera) y Paula, ahora de otros propietarios.


La antigua vivienda de Ciriaco Portero Rubio y Eutiquia Rincón de la Puente, junto con otros edificios agrarios, fue reconvertida a los pisos contiguos a la hermosa casa de Julio González.

Para ser un bloque de pisos, su esmerada ejecución obedece a un diseño elegante, armonioso, bello, que no desdice de su compañera de abajo. Los acabados están muy logrados y agradables con los huecos adintelados, pinturas suaves y con ese zócalo de piedra caliza con su perfil.

Más adelante nombraremos la casa de la familia de Ramón Tejedor Francisco y Constantina Redondo Vallejo (ahora de su Valeriano) con una característica que aquí se puede apreciar: la estrechez de su fachada. Es la que está a la izquierda de la señal de tráfico y pertenece a la Calle Norte.



 

Muchos quebrantos y episodios, todos malos, ha recibido y recibe aun, esta vivienda desde que la vendieron Juan Llorente Rincón y Paula. Incluidos los cambios de colores.

(Imagen procedente del Catastro).



Vivienda en tres plantas construida por el matrimonio de Candelas González Fernández y Justo Antona Moreno que, dada la imposibilidad de expandirse en horizontal, lo hace en vertical y toma ese aspecto como de torre de vigilancia... (en la actualidad no se permiten más de dos alturas, o 6,25 metros desde la bocateja al suelo).

La cruz del calvario que vemos en la imagen fue derribada por un vehículo y ahora está restituida con una nueva. El pedestal contiene una leyenda que aun no he podido descifrar.

La casa de la derecha es la de la minifachada de Valeria.


Vivienda construida de Ángel Esteban Fuentes y Rosa Mª Gómez del Caz (+2013).

Tiene una combinación muy agradable de madera y piedra, aunque no la favorece el predominio de los colores oscuros, y Ángel añadió un escudo de apellidos pero que apenas se ve desde la carretera. Dispone también de placas solares.

Está edificada en una finca familiar de sus padres, Vicente Esteban de las Heras y Felipa Fuentes Cañas, en la que Ángel en la que tiene a sus hermanos como vecinos.


Vivienda de Rufino Bernardo Herranz y Micaela Gómez como primera esposa y Catalina Herranz como segunda.

Hoy es de dos de sus hijos y la traigo a imagen para darnos una de un ejemplo atípico de construcción, donde los huecos y la luz se dirigen a la fachada interior y no ha recibido una sola actualización desde su origen. Se trata de una casa enorme con muchas edificaciones y espacios complementarias, con una orientación privilegiada al Sur, en la franja trasera.

El Barrero

A continuación de las edificaciones de Rufino, en el hueco contiguo al último edificio, está el paraje que conocemos como El Barrero, por producir un barro excelente que se empleaba en los tejados. Su extracción produjo un hoyo grande y así se ha quedado. Yo no he conocido sacar barro de aquí, por lo que podemos afirmar que esta actividad cesó hacia mitad de siglo pasado (aprox).


Ermita del Santo Cristo de la Salud

Este edificio es digno de análisis arquitectónico porque presenta una sillería excepcional con algunas de sus piedras que parecen provenir de las descartadas de la iglesia. Tiene una construcción muy sencilla y hay que decir que la familia de Julio González la ha mantenido, en muchos aspectos, siempre atendida. Mira hacia la iglesia, por lo que transmite como un halo o vinculo misterioso en relación con ella, como si ambos templos estuvieran en diálogo permanente.

En cuanto al tendido eléctrico, comprobamos una vez más la desconsideración y anarquía con la que trabajan las eléctricas. Levantan los tendidos sin contemplación alguna en cuanto a los lugares o edificios por los que cruzan y parece que para ellos no hay normas ni leyes. Aquí han cruzado por donde les ha parecido, han clavado el poste a su antojo y en general campan a sus anchas destrozando casi todo a su paso. Lamentable.


El Calvario

El paraje de El Calvario tiene una significación muy arraigada en las gentes de Madrona por cuanto forma parte de una tradición muy remota. En esta imagen vemos como se manifiesta La Lastra, con esas lajas de caliza que asoman a la superficie. Es bonito.

Las estaciones del viacrucis alcanzan hasta la mita de la ladera y allí las vemos agrupadas y señalizadas por varias cruces.

Un camino muy aconsejable como ruta porque las vistas y otros alicientes compensan el paseo.


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