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David López nació creador, con una habilidad innata para tratar la madera, la piedra, el barro o cualquier material y plasmar en él sus ideas artísticas. Empezó, me acuerdo como su fuera ayer, a labrar barcos de vela a partir de las roñas que traían las avenidas del río cuando se desbordaba. Roñas llamábamos a las cortezas de árbol de cierto tamaño. También hacía, en los recreos de la escuela, puentes con arcos de medio punto a base de barro de arcilla que buscaba en la orilla del río, decorados con figurillas sobre el pretil. Obras que, como las fallas, se destruirían poco tiempo después. En el bachillerato se especializó en obras de marquetería de gran filigrana y complicación. Con esta técnica construyó tal cantidad de muebles que, una vez barnizados, inundaron físicamente su casa. También con el pirograbador obtuvo bonitos cuadros con motivos arquitectónicos de Segovia, principalmente. Una vez que pudo disponer de espacio y tiempo, inició una labor sobre piedra y madera que todavía cultiva como afición, tanto en creación como en restauración. Lo que se ofrece aquí es sólo una muestra mínima de toda su creación, que es bastante amplia. Nunca se ha planteado comercializar con estas obras, por lo que todas ellas se han quedado en Madrona, y el caminante puede ver desde la calle muchas de sus creaciones en piedra.
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