 |
Optimismo.
Era una tarde
(24-VIII-01) cargada de electricidad con una luz tibia, terrosa y asustada, preliminares
de una tormenta que se estaba fraguando.
El sol golpeaba la
sequía de las rocas pero, en medio de tanta amenaza, descubrí este bonsái natural
-vamos a llamarlo así- que medra en plena roca, con una hermosura y exuberancia que
muchos oasis quisieran. Observando semejante milagro, mi estado de ánimo cobró un
optimismo que se renueva siempre que contemplo esta imagen. Una planta que, teniendo todo
en contra, ha conseguido tanta belleza y tanta conquista de la nada y ahora la ofrece al
caminante, también a cambio de nada. Y ahí sigue anclada en la roca, en una relación
con ella cuyo misterio se nos escapa, pero que sin duda, es mucho más compleja de lo que
podemos observar. Yo creo que es un amor muy fuerte por la vida y por la roca para el que
aun no tenemos definición.
Es la planta de mi optimismo.
Está en los roquedales de Tejadilla. |