Cuaderno Ð Madrona    

   

   

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______ Clamores___

Todos y todas

En la historia del ser humano la utilización del idioma como sistema organizado de comunicación, verbal o escrita, supuso uno de los logros más transcendentes de toda su existencia, por cuanto ha determinado todos los avances que vinieron después.

Nuestro idioma español es una joya cuyo empleo, debido a sus cualidades y otras condiciones, crece, se amplía por todo el mundo y se cotiza cada vez más alto. Sin embargo, dentro de nuestro país, asistimos a un fenómeno genuino, implementado desde múltiples plataformas, que consiste en el ataque directo contra el idioma tal y como se viene utilizando desde siglos.

Alex Grijelmo es para mí uno de los que mejor conoce, entiende y explica el idioma español. Ha escrito muchos libros sobre él y su lectura es recomendable por dos motivos: se aprende y se disfruta. Alex Grijelmo afirma que asistimos en nuestra época a un notable deterioro de nuestro idioma pero, y esto es lo llamativo porque nuevo en la historia, se trata de agresiones impulsadas y consentidas por ciertas clases consideradas hasta la fecha como intelectuales. Lás élites.

De entre esos colectivos que integran las élites, que a diario e intencionadamente menoscaban nuestro idioma, son los periodistas y los políticos quienes protagonizan las agresiones más importantes y, debido a su condición de altavoces públicos, las más sonoras. Son dos colectivos muy cercanos que trabajan muchas veces en connivencia, y ambos comparten también la falta de escrúpulos para inmolar su herramienta de trabajo.

Repasamos a continuación algunas prácticas, muy pocas, que violan normas, usos y costumbres consensuados. Todos de alguna manera caemos en ellas algunas veces.

Extranjerismos

El uso de términos extranjeros en sustitución de los propios se considera, por muchos de quienes los usan, como signos de distinción de que les eleva a cierto rango intelectual superior. Los comentaristas deportivos nos bombardean con ellos sin que sus jefes les pongan freno. Es más, parece como si les alentaran a ello. En teoría, la licenciatura universitaria que se exige para estos puestos debería servir para desterrar estos usos, pero vemos que no es así. No voy a elaborar una lista de las salvajadas que se dan como buenas, porque pueden causar bochorno.

Los comentaristas de la secciones de economía hacen lo propio. Y, en general, todos sentimos cierta inclinación por el empleo de palabras en inglés para múltiples aplicaciones, personales y colectivas. Es el idioma del imperio actual y, en su virtud, esperemos que no tenga una larga vida.

Barbarismos

Las colecciones de barbarismos también se encuentran bien nutridas. Los barbarismos son incorrecciones ligüísticas que consisten en pronunciar o escribir mal las palabras o en usar vocablos impropios, incluidos los extranjerismos. De los muchos que podríamos comentar, reparo en los que siguen.

A NIVEL DE

A mi es que ya me hace gracia esta expresión, y tengo la convicción, y la esperanza, de que va a morir por sí misma, pero de éxito. Porque de éxito también se muere.

Nos llega en las expresiones más inesperadas utilizadas por todo tipo de personas, incluidas las que se tienen por intelectuales. Está bien aferrado incluso en el lenguaje jurídico y aparece en toda la producción normativa del Estado y de las autonomías. Y por supuesto de la práctica totalidad de nuestros políticos, faltaría más. Y nos llegan algunas como estas:

... a nivel social..., ... a nivel de salir, yo me quedo en casa...., ... a nivel de legumbres, los garbanzos de Valseca..., a nivel territorial... a nivel de gustos... a nivel personal... a nivel de viviendas... es el ungüento amarillo actual. Ponga usted un "anivelde" en su vida. Sáquelo partido.

Nivel es un término que expresa posición de altura, como el nivel de agua; expresa medida dentro de una escala, como niveles de renta, de población de riqueza... también rango dentro de un escalafón concreto, y, en otra acepción, horizontalidad, como bien saben los maestros albañiles y constructores.

Cómo ha llegado a usarse para fines tan alejados del genuino, es algo que se deduce y, asimismo, se comprueba de forma fácil. Algunos políticos empezaron a utilizarlo de forma pública, a la que se unieron los periodistas. En fin, las recurrentes secuencias de connivencia entre estos dos colectivos.

El caso es que, dado que el a nivel de ya vale para cualquier cosa, propongo desde aquí que lo empleemos cuanto más mejor. Propongo que cada frase la empecemos con a nivel de, hasta que caigamos en el puro desvarío, aturdidos, descerebrados e incomunicados.

EN BASE A

Esta expresión, gramaticalmente incorrecta, goza de una salud envidiable. Es tan atractiva y sutil que se intercala de forma subrepticia, como un virus, sin que lo percibamos. Comparte con la anterior el abuso que de ella hacen políticos, periodistas y cotilleros de los programas televisivos. El lugar de decir basándonos en, o con fundamento en, hemos adoptado esta que viene del italiano... es, como todo extranjerismo, una hipotética solución para un problema que no existe.

DE CARA A

También propia de varias eminencias de los colectivos antedichos, aparece ahora cómodamente instalada en algunos presentadores del tiempo de TVE. De cara a la jornada próxima.... de cara a mañana se esperan... de cara a los próximos días se prevén.... a veces he contado ocho de cara en un mismo parte meteorológico. Es un uso que no se justifica desde ningún punto de vista, porque bastaría decir un para mañana, o en cuanto a los próximos días... pero a estos presentadores les debe parece una preposición demasiado trivial... La expresión de cara a, significa frente a; mirando en dirección a o con vistas a, por lo que no encaja en la predicción del tiempo.

Culpabilidades

Hay otros usos periodísticos dignos de revisión. Por cierto, ¿han desaparecido los jefes de redacción? ¿los jefes de sección? o son estos mismos jefes, teóricos guardianes de la corrección sintáctica y del léxico, los trangresores directos. No lo sabemos.

Hablando de los presentadores del tiempo, parece ya asumido por todos el culpar a la meteorología de las imprudencias humanas en determinadas situaciones. Cuando se trata relatar un suceso, por ejemplo, determinados los accidentes de tráfico, determinadas retenciones y atascos, y otros, titulan, y relatan, de esta manera:

Fuertes nevadas causan atascos interminables en varias carreteras. La lluvia causa multitud de accidentes de tráfico en el norte.... y otros similares. En consecuencia, deducimos que la nieve tiene un poder de convocatoria de automóviles tal, que los arrastra y los amontona allí donde aparece... y la lluvia, a su vez, tiene un poder omnimodo para despeñar coches, para hacerlos chocar entre sí... con la intención de matar gente, seguro.

Es fácil ver el desatino de esta forma de redactar... excepto para los jefes. Y ya para cerrar el parte, acaban diciendo que de cara a mañana, se espera que el tiempo mejore... es decir, que el buen tiempo consiste en que no nieve, ni llueva... ¿es que el buen tiempo no consiste, digo, en que en cada estación climatológica haga lo que a ella corresponda, lo que le sea propio y natural? Para mi si nieva en días de invierno, estos pasan a ser unos estupendos días de invierno, y si llueve en primavera, serán unos estupendos días de primavera. Y luego está el juicio de las personas, o su carencia, el que determinará los modos de uso de los vehículos. Pero ni la nieve ni la lluvia van a por nadie.

La última de Manuel Ligero

Son precisamene los políticos y los periodistas quienes han eliminado del idioma español miles de topónimos oficiales con los que hemos convivido en paz y armonía durante siglos. Se trata de acciones en las que anteponen sus intereses y conveniencias del momento a los de bien común general. Un bien cómún, nuestro idioma, utilizado por casi seiscientos millones de personas en los cinco continentes. En lugar de protegerlo y cuidarlo, lo desarticulan. ¿Por qué han sacado del repertorio de topónimos españoles los nombres de La Coruña, Orense, Lérida, Gerona, Islas Baleares... y otros cientos? ¿quiénes son ellos para amputar nuestra lengua común?

En lugar de velar por el cumplimiento constitucional de la cooficialidad de los idiomas para aquellas regiones que tengan idioma propio, permiten que se transgreda la misma Constitución, en menoscabo del español, con un uso delictivo, que ya se ha instalado en todas las instituciones y órganos de esas comunidades autónomas: Administración, medios oficiales y privados de comunicación.

Nadie en su sano juicio se opone a esta cooficialidad, pero vemos cómo las autonomías la han pervertido con grave daño para el idioma común.

El último ataque, compartido por colectivos de todo el espectro político y social, es de risa, como la última de Manuel Ligero, pero es una agresión tan fuerte y contundente que hay que tomarla en serio.

Resulta que estos colectivos han descubierto hace poco algo fantástico en nuestro idioma: nuestro idioma tiene sexo. En concreto, nuestro idioma es macho. Un macho alfa con un enorme falo que, omnipresente, se impone sobre todo lo demás. Un macho alfa que excluye a las hembras de sus usos, léxicos y significados. Por eso estos colectivos quieren transformarlo para que no excluya, como lo ha venido haciendo hasta ahora, sino que incluya.

Ante esta poderosa corriente, todos los profesionales y autoridades del idioma advierten de que éste no tiene sexo; que no se debe ver sexo dónde sólo hay género en las palabras. Que no hay que buscar intencionalidad ni naturaleza sexista en él.

De poco sirve, porque estos colectivos vienen apoyados además por ciertas autonomías con idioma propio. Una coincidencia, no más.

Aspiran dicen, a un lenguaje inclusivo. Para verlo gráficamente, lenguaje inclusivo sería este:

... todos y todas, los padres y las madres, de alumnos y alumnas, insatisfechos e insatisfechas que deseen hablar con los tutores y las tutoras de sus hijos y de sus hijas, deberán contactar...

o:

... todos y todas, los trabajadores y las trabajadoras, una vez informados e informadas para ser inscritos e incritas, en los turnos rotativos...

Esta propuesta es tan disparatada como inviable. El idioma español, como sistema, es de los más avanzados técnicamente y no presenta ningún problema de utilización. Incluye genéricos de ambos géneros que designan e incluyen a todos. ¿Es que un hombre puede sentirse excluido de un genérico femenino? Por ejemplo, las personas, la ciudadanía.... Si alguien por ser de sexo masculino se ve excluido de este término es que sencillamente tiene alguna patología. Y contiene asimismo muchos genéricos de género masculino, no de sexo masculino. Aquí no hay falos ni vulvas.

Afirmar lo contrario supondría, en consecuencia, invalidar asimismo a nuestros grandes autores literarios y sus obras, por machistas. Y puede que sea un segundo paso, no habría que descartarlo.

Dentro de las profesiones los nombres genéricos incluyen también a hombres y mujeres, como no podía ser de otra forma. Así estaba consensuado hasta la fecha. Una mujer puede decir que es juez, médico o abogado y nadie que esté sano tiene porqué ver falos ni vulvas. A no ser que su propia mente las cree, que parece ser lo que ocurre. En la frase los alcaldes segovianos recibirán homenaje... ¿alquien puede percibir que las alcaldesas quedan fuera del homenaje? Sin embargo, si se utiliza las alcaldesas de Segovia, sí quedan fuera ellos, porque el genérico es de género masculino (ojo a lo de Unidas Podemos...)

Hoy mismo, mientras escribo esta reflexión, leo en el BOE lo que sigue, firmado por el secretario general del Banco de España:

Sexto. Referencia a la Ley Orgánica 3/2007.
A los efectos de lo previsto en la Ley Orgánica 3/2007, de 22 de marzo, para la igualdad efectiva de mujeres y hombres, las referencias efectuadas en el presente acuerdo a cargos del Banco de España se entenderán hechas sin perjuicio del concreto género de quienes en cada momento ocupen tales cargos.

Firmado por El Secretario General del Banco de España

En: https://boe.es/boe/dias/2020/03/24/pdfs/BOE-A-2020-4022.pdf

Atención: sin perjuicio del concreto género de quiénes en cada momento ocupen tales cargos...

Se preparan tal barullo con el género y el sexo, que a veces ya no saben lo que procede. Atribuyen sexo al idioma y género a las personas. Y esto lo firma un alto cargo, nada menos que del Banco de España, para cuyo desempeño se presume que ha superado diversas pruebas.

En el idioma español el género sirve para diferenciar entre el masculino y el femenino; pero en la clasificación de los nombres hay también otros cuatro géneros: el común, el epiceno, el ambiguo y el neutro. Así es nuestro idioma de sabio, de práctico, de universal y de bello como para permitir que ahora vengan a estropearlo estas castas de privilegiados que ocupan tribunas y púlpitos. Y cargos públicos, que es lo más peligroso.

El tema es muy largo y la única aspiración de este artículo es una llamada de atención para hablar con naturalidad, cordura y fluidez un idioma que, como patrimonio común de tantos millones de personas, nos debe unir, y en el que no se deben buscar problemas que no tiene. Ni unos ni otros.

 

Fernando AYUSO CAÑAS. marzo 2020.

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